Day by Day
Diario de un chico cualquiera

Son las 7 de la mañana y un haz de luz se filtra por mi persiana, tres cuartos de hora despierto pero con esa sensación de cómo si nunca me hubiera acostado, cien pensamientos por segundo dan vueltas en mi cabeza de la manera mas dañina que existe, bucle, espiral o ciclo, llámalo como quieras. Ese mismo sentimiento que no me deja por mucho que cierre con fuerza mis ojos, este bien acompañado o salte al vacío. Pero por qué?  Sé que no he hecho nada tan malo como para sentirme así, quizá es que haya conseguido ser yo mismo en un mundo tan hipócrita, y eso haya enfadado a las masas mas odiosas.
Es justo en ese momento cuando pienso en levantarme, poner fin a esa agonía desenterrándome de estas sábanas, no se donde estoy ni donde voy pero consigo tener diez minutos de evasión que me parecen todo un logro.
Es aquí cuando se me exige trabajo, responsabilidad y transmitir un bienestar del que no soy dueño, consigo a duras penas mantenerme erguido mientras sueño salir pronto de este mal sueño, mientras sopeso el no mantenerme inerte por mas tiempo en esta pesadilla.
Y por fin llega la hora de desconexión, puedo lanzar por la ventana mis responsabilidades y desaparecer por un instante. Dios como me gustaría desaparecer por un instante! Pero aquí sigo..
Entonces empieza  a anochecer, el sol cae muy lentamente, incluso parece que se pare. Un minuto se me hace eterno y no quiero volver a mirar el reloj porque en él tan sólo veo una mísera cuenta atrás.
Esa presión en el estómago continúa dentro de mi y me preocupa, porque comienzo a no distinguir libertad de soledad.
Cerca de las tres de la madrugada hago balance de este gran día, deseo que sea el último tan negativo, y me prometo a mi mismo un cambio de mentalidad, tan improbable como necesario. Mis valores no contemplan un “abandono” como salida ni un “es imposible” como recompensa.
Lucharé por mis objetivos, y siempre seguiré siendo quien soy. Porque aunque me sienta como un naufrago a la deriva, agarrado con fuerza a una dura tabla de madera, tengo gran suerte de saber nadar.
Son las 7 de la mañana…
 
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