Mirando hacia detrás a los 30

Una vez entrado en la treintena es imposible el no mirar atrás. 
 
 
Vivimos momentos socialmente difíciles. Duros ascensos y descensos mentales diarios, los cuales no nos dejan ser objetivos ni con nosotros mismos ni con el mundo que nos rodea. Todo está tan sumamente manipulado que el pensar de una manera racional y objetiva es absolutamente imposible, básicamente porque aun cuando crees que tu mente está rozando el raciocinio mas puro seguramente no sea mas que otra mera manipulación exterior.
 
 
¿Dónde está en el instituto la clase práctica de empatía? Muchas gente no conoce ni la palabra, cómo podremos exigir nada pues. ¿Por qué la gente nos hace daño? Nos sentimos partidos en dos cuando uno de estos seres nos azota con su gélido poder en cualquier situación y ante cualquier adversidad. Lamentamos todos y cada uno de esos actos presumiblemente “ilícitos” en una sociedad moderna como la actual. Pero, intentemos ahora sentir empatía por un ser de esas características para de este modo no echarle la culpa de todos nuestros males, pues, es la sociedad quien los ha moldeado de esta manera.
 
 
Vivimos en un mundo con miles de estudios y cientos de miles de estadísticas, conocemos a ciencia cierta el comportamiento de consumidores de todo el mundo de una manera detallada y segmentada en aspectos geográficos, de edad o gustos. Diariamente vemos de manera inconsciente una media de 3000 impactos publicitarios por persona de los cuales un bajo porcentaje reflejan la realidad. Las noticias son manipuladas por expertos y son utilizadas como campañas de marketing totalmente estudiadas, con targets definidos y procesos meditados al milímetro. Las leyes no son iguales para todos, nunca lo han sido, es sorprendente que algo tan obvio aun sea objeto de debate en 2017, históricamente se ha tratado diferente a personas dependiendo por ejemplo del color de la piel o el poder adquisitivo, y a día de hoy sigue ocurriendo. Cedemos diariamente información personal y confidencial a las grandes compañías de internet sin saber realmente el fin último de todos estos datos. Empresas multinacionales disponen del arma mas dañina que existe, por encima incluso de bombas gigantescas, disponen de nuestra información. En ese sentido somos algo terroristas.
Y podríamos estar días escribiendo este texto tan pesimista y lleno de dualidades, pero, no vale la pena. Simplemente era una forma de explicar de una manera analítica esa falta de valor personal y empatía.
 
No es un mundo fácil, no es fácil mantenerse cuerdo cuando todo lo que nos rodea lo promueve el egoísmo y la codicia. Los seres vivos tienen precio, a todo se le atribuye un valor monetario, todo se compra y se vende a cambio de papeles de colores y monedas de cobre. Las personas vivimos en continua competición desde que somos niños hasta que morimos. Complejos y sentimientos de inferioridad llenan las almas de todo el mundo. El exceso de información nos extresa y llena de caos cualquier mente un mínimo sana. Comemos veneno, respiramos veneno, bebemos veneno, hablamos veneno.
 
 
Lo único que nos queda es seguir adelante, porque como ya he dicho, una vez entrado en la treintena es imposible el no mirar atrás.
 
sitios perdidos