5 claves
Para mejorar tu coeficiente emocional

Las personas desarrollamos un sin número de emociones para interactuar con nuestro entorno. El llamado coeficiente o inteligencia emocional se define como un conjunto de reglas no escritas que nos ayudarían a reaccionar a nuestras experiencias. En 1920 Edward L. Thorndike fue uno de los primeros en coquetear con esta idea, pero debemos esperar a 1940 para encontrar estudios sólidos que subrayen la importancia de los factores no intelectuales como parte del desarrollo de la persona. En los años ochenta se consolidaría de la mano del psicólogo Howard Gardner y su teoría de las inteligencias múltiples, que confirmaron la necesidad de una inteligencia social. Así pues, si quieres mejorar tu coeficiente emocional, las siguientes claves y consejos te serán de gran utilidad.
Viajar sin marcarte un destino
La aventura puede ser un primer paso para mejorar nuestro coeficiente emocional. Incluso los preparativos del viaje (preparar la maleta, avisar a los familiares, etc.) puede incrementar nuestros niveles de bienestar y predisponernos emocionalmente, como demostró un estudio publicado en el Journal of Vacation Marketing. Por otra parte, viajar por diversos países, con lenguas y culturas diferentes, permite desarrollar la tolerancia y reducir el estrés. En el extranjero encontraremos numerosos obstáculos (las costumbres, los horarios, etc.) que nos ayudarán a madurar en lo personal y en lo emocional si los superamos satisfactoriamente.
Sumérgete en el bosque
Un ejercicio que puede ayudarnos a superar la negatividad y afrontar nuestros miedos es pasear por el bosque. Según un estudio publicado en la revista Proceedings por el investigador Gregory Bratman, las personas que caminan diariamente por zonas boscosas, ven disminuida su carga de negatividad, en contraposición con aquellas que caminan por zonas urbanas. Vale la pena mencionar que adoptar una mentalidad más positiva hacia la vida tiene beneficios inestimables a nivel emocional.
Conviértete en un optimista empedernido
La negatividad del «no puedo» nos arrebata oportunidades de ser feliz y madurar emocionalmente. ¡Busca aquello que más te motive! Las personas optimistas poseen una gran capacidad de respuesta ante el entorno, pero para ello han de tener fuertes motivaciones. ¿No te quieres levantar para acudir al trabajo? Prueba a pensar que después de tu horario laboral puedes ir a un gimnasio y conocer gente fascinante, o acudir a un parque y descubrir las proezas del mundo natural. Y si las malas experiencias obstaculizan tu optimismo, recuerda las palabras del Dr. Seuss: «No llores porque ya se terminó... sonríe porque sucedió».
Abandona tu yo
Enfocarse en nuestro dolor es la respuesta fácil, pero es la peor. Desarrollar la empatía (la capacidad de comprender a los demás tanto física como psicológicamente) te permitirá dejar tu ‘yo’ a un lado y mejorar tu coeficiente emocional. Para conseguirlo, sólo tienes que ponerte en el lugar de los demás: bien escribiendo una narración en primera persona sobre alguien diferente a ti, imaginando las vidas de quienes están a tu alrededor o interesándote por los problemas de desconocidos/as y ofreciéndoles soluciones útiles.
¡Nunca pierdas la curiosidad!
Un divertido estudio publicado en Journal of Personality Assessment concluyó que las personas curiosas disfrutan de mayores niveles de satisfacción en sus vidas. Incuestionablemente el bienestar personal favorece el desarrollo de la inteligencia emocional, por lo que si quieres estimular tu curiosidad, te recomendamos conocer a personas fuera de tu círculo habitual, descubrir nuevos y exóticos deportes o experimentar sabores desconocidos en restaurantes étnicos o de otras culturas.
En vista de lo anterior, mejorar nuestro coeficiente emocional hasta límites insospechados es posible, siempre y cuando estemos dispuestos a abrir nuestra mente a nuevas sensaciones, emociones y experiencias.
 
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